Revista – La Tregua por Mario Bendetti

Creo que La Tregua ex el libro más triste que nunca he leído. Pero también es una cuenta muy bonita y emocionante. La tristeza no existe primeramente en las muertes demasiada tempranas ni en las relaciones difíciles entre el protagonista y sus hijos. La tristeza consiste en la actitud del protagonista, el Señor Santomé, ante la vida en general. No tiene ninguna meta, ningún propósito para su vida.

En su defensa, Sr. Santomé ha experimentado tragedia en su vida en forma de la muerte de su esposa, Isabel. Ha logrado crecer dos hijos y una hija, y ha sido bastante exitosa en su trabajo para disfrutar una medida de prosperidad. Pero nada de eso parece muy importante a él. Ama a sus hijos, pero ellos no son una gran fuerza proveyendo motivación para su vida. Trabaja, pero no disfrute a su trabajo. Tiene los cincuenta años, y solamente busca el día en que pueda jubilarse, pero no tiene planes especiales para su vida después de su jubilación. Enfoca en terminar el empleo, y no en lo que va a hacer después.

Su vida cambia dramáticamente cuando se enamora de una muchacha en su oficina. En gran parte, no presta mucha atención a los otros trabajadores en su oficina, incluye los trabajadores bajo su supervisión. Cuando Avellaneda empieza su trabajo allí, al principio le moleste a su jefe la necesidad de trabajar con una mujer. Pero, de pronto, Avellaneda hace una impresión con su trabajo, su habilidad, y su personalidad. La costumbre de Sr. Santomé fue no involucrarse en la vida personal de sus empleos, pero cuando Avellaneda aparece deprimida sobre la separación con su novio, habla a ella con compasión y empatía, y de pronto realiza que está enamorada. Y ella consiente a una relación amorosa con su jefe.  Pero Sr. Santomé se pone renuente en comprometerse a la relación para largo plaza. Aunque ama a Avellaneda, no puede imaginar algún futuro para la relación, porque hay una gran diferencia entre las edades de los dos. No sé si tema que ella le abandonará para alguien más joven cuando él se envieje, o si tema que, a causa de la relación entre los dos, Avellaneda perderá otra oportunidad para amor con un joven. Pero por estas razones no propone matrimonio con ella. Y cuando finalmente decide casarse con ella, otra tragedia lo previene, y Sr. Santomé otra vez enfrenta la vida de un soltero.

El pasaje más profundo en el libro ocurre cuando el Sr. Santomé considera la natura de Dios. En el libro, hay varios discursos sobre Dios, la religión, las creencias del Sr. Santomé y Avellaneda, y ambos intentan describir su concepción de Dios, pero en este pasaje, me parece que no habla con la mente, sino con su corazón. Dice,

«Soy capaz de entender una y otra definición [de Dios], pero ni una ni otra son mi definición. Es probable que ellos estén en lo cierto, pero no es ése el Dios que yo necesito. Yo necesito un Dios con quien dialogar, un Dios en quien pueda buscar amparo, un Dios que me responda cuando lo interrogo, cuando lo ametrallo con mis dudas. Si Dios es la Totalidad, la Gran Coherencia, si Dios es solo la energía que mantiene vivo el Universo, si es algo tan inconmensurablemente infinito, que puede importarle de mí, un átomo malamente encaramado a un insignificante piojo de su Reino? No me importa ser un átomo del ultimo piojo de su Reino, pero me importa que Dios esté a mi alcance, me importa asirlo, no con mis manos, claro, ni siquiera con mi razonamiento.   Me importa asirlo con mi corazón.»

Aquí veo otra tragedia, una tragedia peor que algún muerte, de alguna soledad. La tragedia es que, por cierto, tenemos un Dios así como el Sr. Santomé deseaba, pero no pudo verlo, porque solamente se puede ver este Dios con los ojos de fe. Nuestro Dios asumó forma del hombre en la encarnación para vivir en la tierra, conectar con los hombres, y enseñarnos de su gran amor para humanidad. Este es el mensaje del evangelio, que podamos recibir la salvación, la redención a través de la muerte y resurrección de Jesús. Podemos dialogar con Dios, aun sobre nuestras dudas. Podemos tener una relación con Dios que nos da propósito en la vida, una razón para vivir. Los hijos de Dios son mucho más que un átomo del último piojo de su Reino. Somos hijos queridos, que podamos participar en realizando la voluntad de Dios en la tierra. El Dios que el Sr. Santomé quería ya existe.

Al fin del libro, el Sr. Santomé cumple los años para jubilarse, y cuenta los días hasta su día final de trabajo. Pero ya no tiene ninguna idea de que pueda hacer con su vida. Su vida se parece hueca, sin significa, y sus últimas palabras refleja desesperación: «Después de tanta espera, esto es el ocio. ¿Qué hare con él?»

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