La Oración de Ezequías – II Reyes 18-19

Siempre me he gustado la cuenta de Ezequías y Senaquerib en II Reyes 18-19.  Cuando oramos, creo que pensamos que Dios está muy lejos, situada en los cielos o dondequiera.  Pero en este pasaje, Ezequías trata a Dios así como estaba en el mismo cuarto como él, así como estaba hablando con un amigo, o con su padre.

Senaquerib, rey de Asiria, mandó mensajeros a Ezequías, rey de Judá, con una amenaza escrito en una carta.  Asiria fue un país poderoso, y Senaquerib ha logrado algunas victorias militares, y creía que pudiera vencer a Judá también.  Senaquerib intentó destruir todo sentido de seguridad que Judá y Ezequías tuvieron.  Dijo, ≪¡No te confías en Egipto, ese bastón de caña astillada!≫ Y, ≪¡No te confías en Dios, porque las otras naciones que he vencido no recibieron ningún apoyo de sus dioses!≫  Por supuesto, Senaquerib no entendía que Jehová Dios es Dios verdadero, no como los dioses de las otras naciones.

Podemos aprender algo a través de la reacción de Ezequías a la amenaza de Senaquerib.  Primero, Ezequías la tomó en serio.  Se rasgó las vestiduras y se vistió de luto.  El enemigo es fuerte, y no debemos ignorar las fuerzas del mal.  Segundo, fui al templo del Señor.  Y eso es lo que debemos hacer con cualquiera amenaza, cualquier problema que enfrentamos.  Debemos tomar los problemas al Señor.  Y Ezequías tomó la carta al templo, y la desplegó delante del Señor.  Puedo imaginar la escena: Ezequías con la carta en su mano, mostrándola a Dios.  Es este rastro que me hace pensar que Ezequías entendió que la presencia de Dios con él fue muy real, aun tangible.

Me recuerdo un incidente cuando mi hijo era niño pequeño.  Los niños piensan en Dios como alguien muy real.  Tienen una fe sencilla, sincera, y fuerte.  Tuve la costumbre de orar con mi hijo antes de dormir.  Una noche, él estaba leyendo un libro en la cama, y no estaba lista para orar y dormir.  Le dije, ≪Llámame cuando quieras orar.≫  Y fui a otro cuarto para esperar.  Después de un momento, oí su voz diciendo, ≪Mamá, no estás hablando a Dios allí, ¿verdad?≫  Reí, y respondí que no, esperaría hasta que él estuviera lista.  Pero me pensé que, así como Ezequías, percibió que la presencia de Dios pudiera ser muy real, aun en el cuarto próximo, hablando con su mamá así como un amigo.

Hay otro aspecto de la oración de Ezequías que se debe notar.  Pide salvación para sí mismo y su pueblo, pero su motivo último era la gloria de Dios.  No quiere que los insultos que Senaquerib había pronunciado contra Dios viviente queda sin respuesta.  Y ruega que Dios sálvales “para que todos los reinos de la tierra sepan que sólo tú, Señor, eres Dios.”  ¡Ojala que todas mis oraciones tengan motivo de traer honra y gloria al nombre de Dios!  Creo que este es lo que significa la promesa en el Nuevo Testamento de que podamos pedir cualquiera cosa “en nombre de Jesús” y será otorgada.

 

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