Colombia – Un País Interesante, Diverso y Hermoso

La motivación para continuar mis estudios en español era el viaje que he planeado a Colombia.  Este viaje llevó a cabo el 5 de Junio, 2010, y duró hasta el 14 de Junio.  Fue una experiencia interesante, emocionante, espiritual, y a veces difícil.  Todos los días fueron llenas de actividades, y siempre estaba cansada por la noche.  Aprendí mucho sobre Colombia, su historia, su gente y la pobreza.  Tuve muchas oportunidades para mejorar mi español.

Viajaba con Compasión Internacional, y esta organización tiene la meta de combatir la pobreza a través de ayudando a los niños.  Hay proyectos donde los niños vienen después o antes de la escuela, y los tutores enseñan a los niños sobre la Biblia y como ser buen hijos de Dios, y también sobre capacidades de la vida, cosas que van a ayudarles ganar recursos para vivir cuando llegan a ser adultos.  Por ejemplo, enseñan a las niñas como hacer una manicura y como arreglar el pelo para trabajar en un salón de belleza.  Además, los proyectos cuidan para la sanidad y alimentación de los niños, y cada día que vienen al proyecto, reciben una comida.  El servicio de Compasión es primeramente para niños, pero si hay un problema en la familia, puede intervenir y ayudar la familia.

 Cada proyecto es afiliado con una iglesia.  La dimensión espiritual es muy importante.  Los niños aman a Dios y hablan de su fe con confianza y tranquilidad enfrente de la iglesia o una audiencia con madurez extraordinario para su edad.  En las clases en los proyectos, los niños tienen muy buen comportamiento.  Es un gran ironía que esta gente que viven en pobreza son mas agradecidas que nosotros, que tenemos cualquier cosa que queremos.

 Visitamos en total cinco proyectos.  El primer fue por el domingo, y asistimos a la iglesia afiliada con un proyecto.  En otros proyectos, tuvimos la oportunidad de observar las clases, aprender algo de los métodos y programas, y mirar las clases de habilidades prácticas.  Recibí una manicura en una de las clases.  Tuvimos oportunidades para relacionar con los niños, par jugar con ellos y hablar con ellos.  En todos los proyectos, los niños bailaban para nosotros, bailes tradicionales de la cultura, con vestidos auténticos y muy bonitos.  En la cultura colombiana, bailar es parte importante de la alabanza de Dios.

 Tuvimos la oportunidad de visitar algunas familias en sus casas.  Fui a tres casas, y todas las familias dijeron algo como esto: «Gracias a Dios porque nos ha bendecido con la oportunidad de recibirles en nuestra casa.»  Hablamos con las familias acerca de los niños y otros familiares que viven allí, del proyecto y como Compasión los ha ayudado, de sus padrinos y las cartas que reciben de los padrinos, de sus recursos y gastos para vivir, y mucho más.

 Es imposible describir las casas, las calles y las comunidades en que estas familias viven, pero intentaré hacerlo.  Las calles son caminos sin firme.  Para llegar a la primera casa, caminamos abajo de una gran colina.  Las casas son hechas de bloques de concreto, con techos de hiero ondulado.  La primera casa tenía suelo de tierra.  Pasamos a través de un pasillo estrecho que fue la cocina.  Entramos en un cuarto con una cama grande, sin ventana, y aprendimos que en este cuarto viven tres personas – dos niños y su abuela.

 La segunda casa fue un poco mejor.  Tenia suelos de madera, y una cocina con estufa, refrigerador, horno microondas y lavadora.  La madre nos dijo que recibió la lavadora como regalo de su hermana, y el microondas fue un premio.  En el otro cuarto de la casa viven cuatro personas – la madre y tres niños.  Hay tres camas, y dos de ellas son literas.  Pero la casa fue decorada y bonita.  Cada persona tenía un espacio pequeño que pudo decorar con sus tesoros.

 La tercera casa fue construida de concreto, y tenía tres cuartos para dormir, y otro cuarto para vivir, con un buen juego de mesa y sillas hecho de madera.  Cinco personas viven allí – la madre, el padre, dos hijos y una hija.  Ambos padres trabajan en la casa.  La madre cose y el padre trabaja con metales.  Su hijo, que asiste al proyecto, nos dijo de sus planes para matricular en la universidad pública en Julio.  Su hermana lo ayudará con las finanzas.  Tendrá que viajar cada día de su aldea hasta la ciudad de Cartagena, una hora por autobús.

 Por supuesto, el día con mi niño Roberto va a ser lo más memorable del viaje.  El día fue organizado con actividades para que los niños puedan disfrutarlo.  En el itinerario este día se designa “fun day.”  Los niños viajaron desde sus hogares con un traductor y un compañero, que puede ser un familiar o alguien del proyecto.  Pasaron la noche en un hotel.  Algunos de los niños viajaron por gran distancia, pero mi niño solamente media hora.

 Encontré a Roberto a la orilla del mar con su traductora, Sofía, y la directora de su proyecto.  Fuimos por barco a una isla llamada Isla de Piratas.  El viaje tomo más de una hora en un barco muy rápido.  La isla es parte de un archipiélago de veinte-ocho islas.  Nos ofrecieron actividades como natación, usar tubo de respiración (snorkeling), o ir al acuario.  Roberto quería nadar, y también fuimos al acuario en otra isla.  Después, comimos almuerzo, y teníamos tiempo para más natación y para dar los regalos que he traído para Roberto y su familia.

 Roberto es un muchacho con mucha energía.  ¡Tuve un gran desafío seguirlo por las isla!  Algunos de los padrinos jugaban o nadaban con sus niños, pero Roberto tenía unos amigos allí, y me parecía que prefería jugar con sus amigos.  Además, me gustaba mucho mirarlo jugar en el agua, así como solía hacer con mi hijo hace muchos años.  Roberto no es locuaz.  Traté de hablar consigo, y de verdad hablé mucho, pero no pude motivar a Roberto hablar mucho.  Respondió a mis preguntas, sí, pero no dijo mucho más.  No tengo duda de que es difícil para los niños conocer a su padrino o madrina por primera vez.  Y Roberto siempre quería volver a nadar y jugar con sus amigos.  Le gustaba tomar fotografías, y yo no me gusta.  Entonces, le di la cámara en el acuario, y él tomó las fotos.

 Hablé con la directora, y aprendí algo sobre Roberto y su familia.  Vive con su abuela paterna, una hermana y un hermano.  La abuela, según la directora, es buena cuidadora, y parece alguien mas joven.  Roberto es buen estudiante y regular en su asistencia en la iglesia.  Roberto y su familia emigraron del norte de Colombia hasta Cartagena, y son de un grupo indígena de Colombia.  Roberto tiene piel moreno y pelo lacio, como un indio.  En contraste, la mayoría de los niños en su proyecto tienen pelo rizado. 

 Al fin de la tarde, cuando sentamos y miramos los regalos, nos relacionamos bien, y Roberto me abrazó mucho.  No supe exactamente que tipo de regalos debía comprar, pero creo que escogí bien, porque Roberto le gustaba todos los regalos.  Creo que Roberto disfrutaban mucho el día, y la directora me dijo que es importante para los niños conocer sus padrinos, y que Roberto nunca olvidará este día.  Oré para Roberto en este momento.

 Por la tarde, el mar fue un poco embravecido, y el paseo de vuelta a Cartagena por barco fue como un parque de atracciones.  Roberto y sus amigos sonrieron y lo disfrutaban mucho.  Cuando llegamos a Cartagena, fue necesario decir adiós.  Roberto me dio un gran abrazo, y tenía lágrimas en mis ojos.

 Además de pasar tiempo en los proyectos y con los niños, teníamos oportunidades de ver algo de Colombia.  Es un país muy bonito, muy grande, y muy diverso.  Bogotá es una ciudad muy grande, con populación de ocho millones personas.  Tiene montañas, y altitud de 8,500 pies.  El tiempo fue bueno, un poco fresco pero confortable, pero la altitud me molestó mucho.  Subimos a un catedral que se llama Monserrate, adonde se puede ver una gran vista de la ciudad.  El Museo de Oro fue muy interesante, y aprendimos mucho de la historia de Colombia y los grupos indígenas que estaban allí antes de que los españoles llegaron.  Hay muchísimo tráfico en Bogotá, y siempre llegamos tarde adondequiera fuimos.

 Hace mucho calor en Cartagena, y siempre está muy húmedo.  Un día, llovió tanto que las calles se convirtieron en ríos.  Casi no pudimos continuar al proyecto, y algunos de los niños no pudieron andar allí.  Pero las lluvias dejaron, y uno a uno, los niños llegaron.  Cartagena es una ciudad histórica, una puerta con ruta directamente a España.  Los españoles edificaron fuertes y murallas alrededor de la ciudad para proteger el oro y otros tesoros de ataques de los piratas.  A causa de la historia y las playas, Cartagena es popular para los turistas.

 Tuve muchas oportunidades para practicar mi español toda la semana.  El primer día, en la iglesia, el sermón fue dado en español, y traducido en ingles.  Pero el pastor habló lentamente y claramente, y pude entender todo.  Algunos de los trabajadores Colombianos de Compasión viajaban con nosotros, y frecuentemente me senté con ellos en el autobús y hablé en español.  Un día, después de visitar a una familia, andábamos hasta el proyecto, y un joven que trabaja en el proyecto quería hablar con una chica de nuestro grupo, y yo funcioné como traductora.  Cuando visitamos a la oficina de Compasión en Bogotá, hablé por largo tiempo con la administradora.  Otro día, tuvimos el almuerzo con los niños en el proyecto, y nos sentamos con los niños – dos niños y dos padrinos en cada mesa.  Hablaba con las niñas sentadas conmigo, y traducía para mi compañera.  Hablé con Roberto y con su directora.  Fue muy buena experiencia para mí, y cada día me sentí más confiada usando el idioma.

 Me extrañaba mucho a mi esposo, y a veces me sentí muy solitaria.  Muchos de los padrinos ha viajado con Compasión antes, y sabía lo que podríamos anticipar, y sabía más que yo sobre como relacionar con los niños.  Pero todos fueron amables, y creo que estando allí sola era una bendición, porque proveyó más oportunidad para conocer y hablar con los trabajadores hispanohablantes.  Por cierto, este viaje fue una experiencia que probablemente ocurriré una vez en la vida, y lo que vi y aprendí sobre la gente, el país, la historia, los niños, el idioma, y la alabanza de Dios seguramente valió la pena de la soledad y el cansancio.  Nunca olvidaré Roberto, ni las caras hermosas de todos los niños Colombianos.

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